
Eran esos días de parranda cajellera, donde una llamada podía hacer un cambio enorme y el invierno nos hacía compañía en salidas que nunca estuvieron programadas.
Ese día habíamos ido al cerro, tarde, después de ir al registro electoral frente a mi casa. Teníamos que hacer la llamada, por que habíamos quedado en ir al instituto a ver unas fotografías. Nunca fue, es decir, llamamos, pero ya era tarde. Y no sé si iban a cerrar o aquella persona se iba a ir, solo recuerdo que le dijimos que subiera el cerro, que lo esperaríamos arriba, pero no quiso, o simplemente no pudo.
Ese día andábamos con la cámara, con tú cámara, con esa que parecía arma de guerra, que estaba en todas, y que lamentablemente dejo de acompañarnos en las travesías diarias del verano despues de tragar arena en una salida playera del año siguiente.
De ese día quedó un álbum de fotografías (las fotos las tienes tu), un carnet electoral(que está en una cajita) y un recuerdo vago de la última llamada, por que fue la última de los mejores tiempos.
Las que siguieron más adelante no nos dejaron nada, ni siquiera un maldito vaso de café.
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