sábado, 20 de junio de 2009

Luces de ciudad (part. 1)

A pesar de que hace 3 años parecía ser el medio descubrimiento, los días que siguieron nunca nos volvió a llamar tanto la atención. No era lo mismo caminar bajo esas luces, y tampoco era lo mismo verlas de lejos o por la calzada del frente.
Fue un día del 2006 cuando se mitificó el Santiago York por una canción de los Strokes, por la cámara de un celular que ya ni existe y que de hecho fue robado silenciosamente un sábado por la tarde mientras se encaminaba hacia nuevas aventuras.


Las luces de ciudad aun están, pero desmotivadas a ser vistas.
Entre tantas colas, paraderos nuevos y fantasmas de fantasmas.
Entre proyecciones de futuro, entre el cambio del clima, de los días, de las personas.
Teniamos el suficiente miedo para no bajarnos esa vez y mirar de reojo las luces.
Sobrepensamos los empujones y los hurtos que no queriamos enfrentar, pero que tarde o temprano se dieron con el tiempo.

Una noche, hace más o menos un año, nos acordamos de la existencia de Santiago York por que un amigo queria comer algo antes de ir donde Don Rodrigo.
Nos acordamos del mcdonald, pero sabiamos que estaba cerrado.
No habían luces, no había magia, y ellos nunca supieron cual era la gracia de esas palabras con tantos significados.
Caminamos bajo esos parámetros iluminados con luz blanca, y Él jamás se resignó a quedarse con la guata vacía.
Seguimos hasta una shopperia justo en la esquina siguiente, y cuando dejamos atrás los espectros de luz nos metimos a comprobar si aceptaban cheques de restoran.
Me acuerdo que surgieron las dudas, estabamos rodeados de mesas vacias, de luz artificial, de fotos de comida.
El otro acompañante se alejó a observar una foto y luego nos llamó.
¿Qué es eso?, nos preguntó señalando algo que en teoría debía ser un pan de completo.
"Parece una prieta", dijo una amiga. Y en verdad lo parecía.

1 comentario:

  1. sin duda aLguna nadie ahora, ni nunca le prestará mayor atención qe las jovencitas de aqeLla historia a Stgo York.. . Tampoco existirán nuevamente los deseos y las ganas de pasar a satisfacer el hambre o taL vez sóLo a sentarse un rato y mirarnos Las caras a aqeL lugar, eL cuáL se caracteriza por ofrecer aqeLLos banqetes, únicos en su especie, donde aL fin y aL cabo nunca se supo si aceptaban o no cheqes de restaurant.. .

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